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Registro de autoridad
Baeza, Ricardo
Persona · (1890-1956)

Ricardo Baeza (Bayamo, Cuba, 1890 – Madrid, 1956) es una figura de gran interés entre los intelectuales que conforman la edad de plata de la cultura española. Trasladado muy joven a España desde su Cuba natal para estudiar Leyes, Historia y Literatura. A principios de la segunda década del siglo XX, colaboró con su amigo de la infancia, Ramón Gómez de la Serna, en la fundación de la revista Prometeo (1908-1912), en donde se tradujeron los poetas y literatos vanguardistas europeos del momento. En dicha publicación Baeza dio a la luz treinta y seis traducciones suyas de dieciocho autores de cuatro lenguas distintas. Su función en la revista fue mucho más allá de la labor traductora, ya que actuaba como asesor literario, contribuyendo a definir los criterios editoriales de la revista, al seleccionar a escritores inéditos en castellano que eran entonces totalmente desconocidos en España. En 1916, y con la ayuda de los hermanos Calleja, Baeza fundó en Madrid una casa editorial propia llamada Minerva, que a los dos años pasó a denominarse Atenea. En ella se publicaron obras de autores españoles que renovaban el panorama literario de su época, como Gabriel Miró, Jacinto Grau, Eugenio d’Ors y Ramón Goy de Silva. Asimismo, la editorial sacó a la luz numerosas traducciones de algunos de los escritores y dramaturgos más innovadores, por ejemplo, las obras completas de Fiódor Dostoievski y de Wilde, así como obras de André Suarès, D’Annunzio, Friedrich Hebbel, H. G. Wells, Robert Louis Stevenson, Rudyard Kipling, Emily Brontë, Charles-Louis Philippe, Daniel Halévy y Wladyslaw Reymont. En la década de los veinte desarrolló una notable carrera como periodista especializado en crítica literaria y política internacional en el diario El Sol. Colaboraba regularmente al mismo tiempo en las publicaciones Revista de Occidente, La Gaceta Literaria, España, The Nation, en el suplemento literario de The Times, Les nouvelles littéraires, Les lettres parisiennes, Mercure de France, etc. Fue en esta época cuando fue nombrado corresponsal de El Sol en Londres. En cuanto a su labor diplomática, la República española le nombró a principios de los años treinta embajadores en Chile y cónsul en Australia hasta la conclusión de la guerra civil. Después de la guerra civil se exilió a Argentina, Buenos Aires, con su familia gracias a la protección y amistad de Victoria Ocampo. Fue miembro del comité de redacción de la revista Sur, en la que colaboró con varios ensayos y traducciones, así como con otras revistas latinoamericanas: Revista de las Indias de Bogotá, Ateneo de Chile, etc. En 1947 editó el número especial de Sur dedicado a Cervantes, en el que participaron intelectuales exiliados como María Zambrano, Américo Castro y León Felipe. Al igual que otros exiliados republicanos, Baeza influyó en el crecimiento editorial de Latinoamérica en los años 40. Trabajó con la mayoría de las editoriales argentinas: Jackson, Emecé, Sudamericana, Losada, Sur, Hachette, Anaconda y El Ateneo. En la editorial Schapire creó la colección Los Grandes Músicos y en la Biblioteca Billiken, de la editorial Atlántida, hizo una adaptación y nueva versión al castellano moderno del Poema del Mío Cid. Sin embargo, las dos editoriales argentinas con las que más colaboró fueron Jackson y Emecé, para las que diseñó y dirigió varias colecciones de clásicos de la literatura, prologadas por los más prestigiosos intelectuales españoles y latinos del momento, incluido él mismo. Desarrolló además una intensa actividad de colaboración con los republicanos españoles exiliados, así como de oposición al régimen franquista. A finales de los años cuarenta obtuvo un cargo en la UNESCO y se trasladó a vivir a París, desde donde volvió a España en 1952 hasta su muerte en 1956. En lo relativo a su vida personal, se casó con María Martos Arregui, con quien tuvo dos hijos: Carmen y Fernando.

Tras el fallecimiento de Ricardo Baeza, el archivo se conservó en la vivienda familiar en la calle Tambre, 24, en la colonia madrileña de El Viso, a cargo de su viuda María Martos Arregui, junto a una gran biblioteca, bien nutrida y con selectas obras de la época. En los años 70 y hasta el fallecimiento de su esposa, el 11 de junio de 1981, el archivo fue traslado al siguiente domicilio familiar, sito en la calle Lázaro Galdiano, número 2 de Madrid, pero la biblioteca pasó a almacenarse en una nave industrial. En el reparto de la herencia, la biblioteca y el archivo fueron a parar en manos de su hijo Fernando, que trasladó la biblioteca a una casona (“Cal Giralt”) en Montblanc (Tarragona) donde permanece. El Epistolario se disgregó en ese momento, pasando el grueso a la casona catalana y solo una selección de cartas permanecieron en Madrid, en la casa de Fernando. Tras fallecer éste en 2002 su hija Laura hereda todo el patrimonio documental. Junta y traslada todo el epistolario a su lugar de Residencia en Bruselas, y desde 2002 a 2007 hace un inventario detallado de todo el conjunto de cartas hasta su cesión-venta a la Residencia de Estudiantes.

Blake